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domingo, 7 de agosto de 2016

Fuego para denunciar las violaciones en Marruecos

Una joven de 17 años marroquí ha sido el último caso de suicidio quemándose a lo bonzo, un fenómeno que se ha recrudecido este año
La violaron ocho hombres y la chantajearon con publicar en internet el vídeo que grabaron del delito, sin saber que ella estaba embarazada

Jadiya, una joven marroquí de 17 años, paseaba tranquilamente y sola por las calles de Nzalet el Adam, una pequeña ciudad situada a pocos kilómetros al norte de Marrakech. Eran los últimos días del pasado año cuando ocho hombres se le acercaron. Totalmente drogados, los individuos la agredieron, la violaron y grabaron la escena en vídeo.
Ella se atrevió a denunciar y rápidamente la policía detuvo a siete de ellos. El octavo agresor sería detenido meses después cuando estaba abusando sexualmente de un menor. Sin embargo, el calvario no acababa aquí.
Durante el proceso judicial, uno de sus violadores la amenazó con difundir el vídeo en internet si no retiraba la denuncia. Los malhechores fueron puestos enlibertad condicional hace pocas semanas y, según detalla Omar Arbib, miembro de la Asociación Marroquí por los Derechos del Hombre, esta acción se debe a que"personas influyentes de la ciudad habrían actuado a favor" de los culpables.

En un acto de desesperación, ya que no podía hacer frente a ese chantaje si se cumplía, Jadiya decidió quemarse a lo bonzo este 29 de julio en una de las avenidas de la ciudad de Ben Guerir, en el centro de Marruecos.
Trasladada al hospital de Marrakech, no pudo sobrevivir a las quemaduras de tercer grado y murió dos días después. Además, la autopsia ha revelado que estaba embarazada. Tras el suicidio, la Justicia marroquí ha abierto una investigación y ha detenido, por el momento, a seis de los ocho atacantes.

Un espíritu en silencio que inició la Primavera Árabe

Desde que Mohamed Bouazizi se inmolara en Túnez en diciembre de 2010 yprendiese la mecha que dio lugar a la Primavera Árabe a partir del primer mes de 2011, Marruecos ha sufrido este fenómeno de protesta social que se ha tendido a trivializar y son ya más de 30 casos de suicidios quemándose a lo bonzo en las calles del reino alauí.
De hecho, esta lacra se ha recrudecido este año ya que sólo en el mes de abril hubo tres casos y ya habría más de 10 en lo que va de 2016, según recoge una gráfica del portal digital Le Desk. Lo que ocurre es que no hay cifras oficiales y dicho recuento, tal y como se quejan, se debe realizar según las noticias que van apareciendo. "Deben existir muchos más pero ocurren en zonas rurales por lo que los aíslan y no salen en los medios de comunicación", afirman. Aún así, el número es alarmante.
"Se trata de un efecto llamada. En Marruecos, quemarse a lo bonzo se ha convertido en una manera de protesta más", asegura a EL MUNDO Mahmoud Jafar, psicólogo clínico afincado en Tánger. A esto hay que añadir "la dimensión religiosa" dado que el islam "va totalmente en contra de que alguien se quite la vida, por lo que se trata de una venganza contra la sociedad civil. Es una manera de mostrarnos que algo estamos haciendo mal. Lo que no puede pronunciar con la palabra, se acaba expresando con el cuerpo", asevera este profesional que se formó en Barcelona.
Es un fenómeno mayormente masculino. Sucede en la mayoría de las veces enzonas urbanas de gran aglomeración y que buscan la protesta contra el poder, dado que lo realizan en prefecturas, tribunales y consulados, entre otros lugares.

El suicidio, tema tabú

Asimismo, el suicidio sigue y seguirá siendo un gran tabú "porque la sociedad civil aún no se atreve a hacer las preguntas correctas para intentar mejorar el entorno de los jóvenes", afirma el doctor Jafar, recordando incluso que las familias se escondían y no iban al entierro de sus propios hijos que se habían quitado la vida.
El pasado 9 de abril, una vendedora ambulante de crepes llamada Fatiha se inmoló cerca de una sede administrativa del Ministerio de Interior de Kenitra, a 45 kilómetros de la capital, Rabat. El caïd -una especie de figura patriarcal existente en el norte de África- la abofeteó y le confiscó toda la mercancía con la que vivía. Las personas que se encontraban a su alrededor se rieron, tal y como cuenta una militante de la ciudad que no desea revelar su identidad. Indignada y humillada, se dirigió a una droguería, compró liquido inflamable y se quemó a lo bonzo. Impasibles los asistentes a esta tragedia, decidieron grabar la escena que circula a través de las redes sociales.
Numerosas personas salieron a las calles una semana después para manifestarse contra la pasividad y la violencia de este acto. Contra las condiciones de los vendedores ambulantes en el reino. No obstante, sus gritos quedaron en el olvido. En ese mismo mes, un taxista decidió poner fin a sus días en Tánger. Al igual que a Fatiha, dijeron que "tenía problemas mentales".
El espíritu de la Primavera Árabe se podía ver de nuevo en las calles de Marruecos y la imagen de Mohamed Bouazizi se repetía tras visionar el vídeo de Fatiha en llamas. Sin embargo, el contexto parece que no la acompañó.
El suicidio seguirá siendo un secreto absoluto en las fronteras del país vecino. Y el silencio no ayudará a paliar la vergüenza de esta realidad social.

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