lunes, 22 de octubre de 2012

En un aeropuerto de una de las ciudades de la antiguo Telón de Acero, un espía huía de la policía secreta rusa, la temible KGB. Estaba a punto de ser capturado, cuando, súbitamente, tropezó con una monja a la que le pidió que lo escondiera bajo su hábito, cosa a la que la monja accedió.

Los agentes de la KGB preguntaron a la religiosa si había visto al espía y le dieron su descripción. Ella les informa que no lo había visto. Cuando ya el peligro había pasado, el espía salió de debajo del vestido de la monja y se inició el siguiente diálogo:

-“Gracias, hermana, por haberme salvado de ser capturado por la KGB”.

-“Ha sido con mucho gusto, hijo”.
-“Tengo que decirle, hermana, que usted tiene unas piernas muy bonitas.... ¿Se dio usted cuenta del besito que le di en las pantorrillas?”

-“Claro, hijo”.

-“¿Sintió usted los besitos que le estampé en las piernas, antes de las rodillas?”
-“Sí, hijo”.
-“¿Notó cuando fui subiendo y le cubrí las piernas de besos, arriba de las rodillas?”
-“Sí, hijo”.

-“¿Qué hubiera sucedido si yo sigo subiendo, y subiendo y llenándola de besos?”


-“¡Pues que me hubieras besado los huevos, cabrón! ¡Yo también soy un espía!”

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